En 1504 pinta Miguel Ángel al temple sobre tabla para el tejedor de paños Agnolo Doni el tondo que lleva su nombre. "Ángel Doni, ciudadano florentino amigo suyo [...] tuvo deseos de poseer algo de Miguel Ángel; el cual comenzó para él una pintura en que, dentro de un círculo puso una Virgen, la cual, de hinojos con las dos rodillas, tiene en los brazos un niño y lo entrega a San José, que lo toma en sus brazos[...] Y no bastando esto a Miguel Ángel para mostrar lo muy grande que era en su arte, -añade Vasari-, en el fondo de esta obra puso muchos desnudos; y con tanta pulcritud laboró esta obra que, de sus pinturas en tabla, aunque sena pocas, es tenida ésta por la más acabada y la más bella".