En Santa Eulalia de Bóveda, cerca de Lugo, hay un edificio de época tardo romana, de planta rectangular, con una pequeña piscina en el centro y bóveda de cañón decorada con frescos de singular importancia. En su exterior, un pequeño atrio con dos columnas "in antis" precede a la fachada, en la que se abre una puerta con arco de herradura que no es de época romana, por supuesto.
El edifico, de principios del siglo III, tenía dos plantas aunque en la actualidad solo se conserva la inferior o cripta que se encuentra casi en su forma original salvo la parte central de la bóveda que se perdió cuando se demolió la antigua capilla cristiana que ocupó el piso superior. El carácter único en el occidente europeo del templo de Santa Eulalia de Bóveda ha provocado múltiples interpretaciones sobre su finalidad original: lugar de baños, nínfeo, templo dedicado a Prisciliano. Posteriormente fue reutilizado para usos cristianos y bajo la advocación de Santa Eulalia. La investigación permite encadenar la interpretación de cada uno de los elementos del conjunto monumental de acuerdo con el rito romano de la diosa Cibeles. Cibeles, nombre latino de una diosa nativa de Frigia, en Asia Menor, y conocida por los griegos como Rhea, la mujer del titán Cronos y madre de los dioses olímpicos. Cibeles era una diosa de la naturaleza y de la fertilidad venerada en Roma como la Gran Madre de los Dioses. Creadora de almas, protegía contra el espíritu del mal, pues llena de benevolencia socorría a quienes la invocaban. Su culto consiguió importancia en Roma a partir de Augusto que sentía por ella una especial veneración. Sus santuarios en el imperio tenían una arquitectura específica para adaptarse a la realización de sus ritos y en especial el bautismo o taurobolium. La creencia en las propiedades sanadoras del bautismo de sangre hizo de su practica algo muy habitual en la antigüedad, sobre todo en los siglos II y III de nuestra era. El edificio, pensado para una posible repetición del ritual en escaso tiempo, debió de permitir un gran número de sacrificios en su momento más popular. En taurobolio consistía en el sacrificio de un toro en la planta alta del edificio, sobre la parte central de la cripta y sobre el hueco que permitía la caída de la sangre del animal sobre la piscina de la planta inferior.
El ritual del taurobolio, además de ser el momento más importante de las fiestas de primavera de la diosa Cibeles, se practicaba durante todo el año solicitado por los devotos de la diosa que se encontraban enfermos o en peligro de muerte. Esquema de la construcción con los dos pisos y lugar en el que se realizaba el sacrificio del animal; debajo, el fiel recibiendo la sangre del sacrificio.
En el interior de la cripta existe en su bóveda un maravilloso conjunto mural, que representa las sibilas en forma de aves. El conjunto posee perdices, faisanes, gallináceas, pavos reales, palomas, un ganso y un pato, todos ellos entre motivos vegetales estilizados que representan el árbol sagrado de Atis, el pino y su fruto. La representación pictórica hace referencia directa a la relación que las aves y sus cantos tenían con el santuario y su funcionamiento como oráculo.