Después de Alejandría y Pérgamo, la más característica escuela helenística fue la de Rodas. Allí se establecieron varios discípulos de Lisipo. El estilo de los escultores rodios nos lo proporcionan dos grandes obras, el grupo Farnesio y el grupo de Laocoonte. El grupo, realizado en el siglo I a.C. en mármol, fue atribuido por Plinio a Agesandro en colaboración con sus dos hijos, Polidoro y Atenodoro de Rodas. Ver la historia.
"Representa la terrible escena que también ha sido descrita por Virgilio en la Eneida: Laocoonte, sacerdote troyano de Apolo, exhortó a sus compatriotas a que rechazaran el gigantesco caballo en el que se ocultaban los soldados griegos. Los dioses Poseidón y Atenea, al ver impedidos sus planes de destruir Troya, enviaron dos gigantescas serpientes de mar para que se apoderaran del sacerdote y de sus dos infortunados hijos y los estrujaran entre sus anillos. Es ésta una de las más despiadadas acciones perpetradas por los olímpicos contra los pobres mortales, tan frecuentes en las mitologías griega y romana. Nos gustaría saber el efecto que causó esta historia al artista griego que concibió este impresionante grupo. ¿Quiso hacernos sentir el horror de la escena en la que se hace sufrir a una víctima inocente por haber dicho la verdad? ¿O lo que principalmente deseó fue mostrar su capacidad al representar una lucha terrible y en cierto modo sensacionalista entre hombres y bestias? No le faltaron razones para sentirse orgulloso de su arte. La manera como los músculos del tronco y los brazos acusan el esfuerzo y el sufrimiento de la desesperada lucha, la expresión de dolor en el rostro del sacerdote, el desvalido retorcerse de los dos muchachos y el modo de paralizar este instante de agitación y movimiento en un grupo permanente, han excitado desde entonces la admiración. Pero a veces no puedo por menos de sospechar que éste era un arte que se proponía llamar la atención de un público que disfrutaba también con la visión horrible de las luchas de gladiadores. Acaso es una equivocación poner reparos al artista por tal motivo. Lo probable es que en esa época, la del período helenístico, el arte perdiera en gran parte su antigua conexión con la religión y la magia. Los artistas se preocupaban por los problemas intrínsecos del arte. Por ello, la representación de una lucha dramática semejante con todos sus movimientos, su expresión e intensidad emotiva, era precisamente la clase de empresa que había de probar el temple de un artista. Lo injusto o justo del hado de Laocoonte no le preocupó lo más mínimo al escultor." (Gombrich, E.H.)

La vista frontal de la obra sigue siendo la más importante. Por detrás no se aprecia ninguno de los valores de la escultura.

El Laocoonte, penetrantemente modelado el cabello y la barba, tiene la boca abierta y el rostro contraído por el dolor, el esfuerzo físico, con una expresividad exagerada, patética. Con la cabeza echada hacia atrás, es el mejor ejemplo conservado del pathos griego. La idea del pathos griego resurgirá en el Renacimiento, especialmente en los desnudos de Miguel Angel Buonarotti.

El descubrimiento

Se descubrió en 1506, influyendo poderosamente en el Renacimiento italiano y, de hecho, fue clave para sentar las bases de lo que sería el Barroco. La representación anatómica de los dos hijos adolece de deficiencias, ya que reproduce unos cuerpos de adultos, a menor escala, pero no infantiles. En este grupo de Laocoonte se exagera más aún el efecto teatral de anatomía que se ve en el altar de Pérgamo. Al dolor físico de la estrangulación causada por las enormes serpientes mandadas por Apolo, se añade el inmenso dolor moral con que el sacerdote troyano Laoconte ha de presenciar la muerte de sus hijos.

En esos grabados del XVI (a la izquierda de Giovanni Antonio de Brescia y a la derecha de Marco Dente) vemos la escultura tal y como fue encontrada. Faltaban los brazos derechos de Laocoonte y de uno de sus hijos, y la mano derecha del otro hijo; también faltaban algunas partes de las serpientes. Se decidió restaurar el grupo escultórico y hubo controversia sobre cómo debería haber sido el gesto del brazo que le faltaba al padre. Miguel Ángel propuso restaurar el brazo del padre en posición de flexión; el artista llegó a realizar dicho brazo, pero no llegó a ponérselo y actualmente se expone junto al grupo escultórico.

En 1532  Giovanni Angelo Montorsoli realizó la restauración en terracota y con el brazo de Laocoonte estirado (encima).

El arqueólogo Ludwig Pollack identificó en 1905 el brazo original encontrado en una vieja tienda de Via Labicana. El brazo tenía la posición flexionada como había avanzado Miguel Ángel. El brazo se añadió en una restauración realizada entre 1957 y 1960 dirigida por Filippo Magi. En este momento se retiraron todas las piezas añadidas.

Copia realizada por Baccio Bandinelli en mármol en 1525 para el papa León X, copia que se encuentra en la Galería de los Uffizi de Florencia.