ARQUITECTURA PALEOCRISTIANA

 

Basílica paleocristiana de Tarragona

1.- Los primeros creyentes

2.- Catacumbas

3.- La basílica y otras construcciones

4.- Salir
 

San Pablo Extramuros. Roma
 


1.- Los primeros creyentes

El valor más importante del arte cristiano primitivo viene dado por el hecho de significar el puente entre dos decisivas culturas occidentales: la clásica y la cristiana. La presencia de paganos y cristianos dentro de los mismos dominios es causa de la existencia de dos artes distintos. Se asiste, con el arte de las primeras comunidades cristianas, a un cambio sutil, pero constante y decisivo, de unas formas de arte a otras radicalmente diferentes.

Dentro del ámbito de las religiones del Bajo Imperio, el cristianismo crece casi sin ser notado al menos durante una generación después de la muerte de Cristo.

Los primeros creyentes no tienen medios, ni organización, ni interés por desarrollar una arquitectura eclesiástica. Se reúnen en cualquier lugar. Las asambleas regulares se celebran necesariamente en privado, en casa de algunos fieles. Hasta el 200 d.C. no existió ni podía existir una arquitectura cristiana. Sólo la religión oficial erigía templos. Pero con el aumento de fieles, la clarificación del dogma, la conversión al cristianismo de hombres de riqueza y rango social, se amplían las necesidades de culto con una liturgia rica y clara. Hacia el 250 las grandes congregaciones cristianas del imperio no viven ya a escondidas. Tienen cargos, hacen proselitismo, bautizan, entierran a sus muertos, ayudan a sus necesitados. Estos fines múltiples no se pueden hacer ya en casas privadas. Así surge la construcción de los "tituli". Esta palabra era un término legal, derivado de la placa de mármol colocada en la fachada de la casa y que llevaba el nombre del dueño; establecía el derecho de propiedad. Su parecido con las viviendas corrientes las hace difíciles de identificar. Muchos de estos "tituli" son hoy día iglesias normales, remodeladas después.

Estas instalaciones puramente prácticas están acompañadas de obras de mayor envergadura para el culto público de un mártir. Surge así el martyria, abundante tras las persecuciones de Decio (260) y Diocleciano(303). El martyria viene de los heroa (monumentos paganos en honor de sus héroes), y surge ya en el siglo II. Los hallazgos realizados en el subsuelo de San Pedro de Roma han desenterrado lo que parece ser el martyria más antiguo conocido. Ya hacia el año 100 la creencia cristiana local sostenía que San Pedro había muerto en Roma; hacia el 200, el monumento de su victoria sobre la muerte se venera en la colina del Vaticano. Para los cristianos de fines del II este era el relicario del apóstol.

 

 

 

 

 

 

Basílica paleocristiana de Nápoles

 

 


2.- Las catacumbas

Las construcciones funerarias de principios del siglo III son de concepción utilitaria, a partir de la arquitectura funeraria romana del tipo más sencillo. El no uso de la cremación (que entre los paganos pobres era la regla general); el no querer enterrarse junto a paganos; la pobreza de la mayoría de los cristianos, que exigía un entierro sencillo, lleva a la solución de grandes cementerios comunitarios, a cielo abierto o subterráneos. Los cementerios subterráneos -catacumbas- tienen su origen en el último cuarto del II y primero del III, limitadas a unas pocas localidades cristianas de Sicilia, norte de África, Nápoles y Roma. En el siglo IV se amplían y en ocasiones se hacen nuevas, para quedar en desuso a finales del siglo V y principios del VI. 

En Roma, las estrechas galerías de las catacumbas forman un entramado compacto, a partir frecuentemente de un grupo de hipogeos más antiguos, o de una cantera. Se superponen dos, tres, o incluso cuatro pisos, que se conectan mediante rampas o escaleras. En las paredes están excavadas las estrechas tumbas en forma de nichos horizontales (loculi) cerradas con tejas o lápidas de mármol en las que se inscriben el nombre y una bendición. 

De los corredores salen cámaras cuadradas o poligonales (cubiculos), o semicirulares (arcosolia).
La oscuridad y el silencio reinaban en estas madrigueras de muerte. San Jeró
nimo recuerda sus vivencias de niño con un verso de Virgilio: "En todas partes el horror domina mi alma e incluso el silencio me atemoriza".

Las criptas o galerías y los cubículos recibían una decoración pictórica, y así se dotaban de un mundo más luminoso y optimista.

Es falsa la idea de que los cristianos eligieran las catacumbas para esconder los cuerpos e los mártires y que no fueran profanados; el derecho romano tenía por sagrada e inviolable cualquier sepultura, con independencia de las creencias religiosas que tuviera. Tampoco tiene sentido creer que era un lugar de refugio para los cristianos en tiempo de persecución; todo el mundo sabía de la existencia de estas galerías utilizadas como cementerios.
 

 

Cripta de los papas. Catacumba de San Calixto. Roma

 

 


3.- La basílica y otras construcciones

Con el Edicto de Milán (313), Constantino reorganiza la Cristiandad, favoreciéndola abiertamente y garantizando su existencia oficial. Iglesia e Imperio quedan estrechamente vinculados. Incluso se concede a los obispos el rango, privilegios e insignias de los más altos cargos del gobierno. Esta nueva situación tiene que afectar necesariamente a la liturgia. La arquitectura no puede seguir como construcción doméstica.

Tanto por razones prácticas (gran cantidad de cristianos) como ideológicas, esta arquitectura no puede desarrollarse a partir de la arquitectura pagana clásica. Los templos paganos habían sido concebidos para albergar la estatua de un dios al que se daba culto al aire libre, no para acoger una congregación de laicos y clérigos. La Iglesia vuelve sus ojos a la arquitectura pública y oficial: la basílica, que tenía una nota común: ser lugar de reunión, aun cuando después las formas variasen mucho en todo el Imperio Romano. Por eso, aunque la basílica cristiana no deriva de ningún tipo de basílica romana concreta, sí tiene en común con ella la de seguir siendo un lugar de reunión. Surge así una tipología uniforme y novedosa que ha llegado hasta nuestros días debido a su excelente uso funcional.

Hacia el año 300 hay ya elementos muy claros en la basílica: la planta rectangular; el eje longitudinal; la cubierta de madera (vista o cubierta con un cielo raso); un estrado, en forma cuadrada o de ábside. Así surgen, con muchas variantes locales, los aspectos fundamentales de la basílica cristiana: un espacio rectangular, de tres o cinco naves, doble la central que las laterales y a veces con transepto. El tejado es a dos aguas en la nave central y de vertiente sencilla en las laterales. La iluminación entra directamente por ventanas en la nave central. A los pies de las basílicas más desarrolladas hay un patio porticado (atrio) y un espacio reservado a los catecúmenos (nártex). La cabecera está coronada por el ábside, sitial del obispo y del clero mayor. Delante, en el presbiterio, está el altar, cubierto con un baldaquino o ciborio (casquete semiesférico hueco sostenido por cuatro columnitas) y la cátedra del obispo.

Entre el siglo IV y VI aparece ya la forma de cruz latina, con un crucero o nave transversal sobresaliente. Debajo del altar, en la cripta o confessio, se reúnen reliquias de mártires o santos, para favorecer la piedad de los fieles.

El modelo de basílica se concreta en la que Constantino levanta en el monte Vaticano, ocupando parte del circo de Nerón, hoy conocida como San Pedro del Vaticano, en el lugar en que, según la tradición, estaba la tumba de San Pedro. Esta construcción perdurará hasta que en los siglos XV y XVI es sustituida por la actual basílica.

Las basílicas más importantes del período de Constantino, muy transformadas con el paso del tiempo,  se encuentran en Roma: San Pablo (restaurada casi por completo tras un incendio en el XIX, conserva la mayor parte de mosaicos originales), Santa Inés, San Lorenzo. Otras posteriores se han conservado estupendamente: Santa María la Mayor (con un bello artesonado del XVI que sustituyó al anterior). Al lado de la basílica está el baptisterio, generalmente de plan central. La basílica de Santa Sabina levantada tras el saqueo de Roma por Alarico (entre el 408 y 410) es el único ejemplo que permite comprobar la armonía original de estos recintos.

A partir del siglo IV (se mantendrá hasta el barroco), salvo inconvenientes topográficos o por construcciones anteriores, se va a hacer práctica común el orientar las iglesias hacia el este. Varias razones pueden haberse dado para ello: el Paraíso, lugar de gracia especial y del pecado original, está al este; para el mundo grecorromano y medieval, Palestina, la Tierra Santa está al este; la venida de Cristo el día del juicio final será por el este: "porque como un relámpago sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre".

La basílica entraña un concepto espacial distinto del romano. Predomina el eje longitudinal y acentúa la sensación de movimiento hacia uno de los extremos. Crea así una tensión hacia el altar mayor, centro de atracción del cristiano. El mismo arco de triunfo que precede al ábside no hace sino enmarcar grandiosamente el santuario. Las columnas guían la vista hacia esta parte. Frente al espacio equilibrado, claramente clásico, el arte cristiano impone el espacio-tensión, el espacio camino, que predominará en toda la Edad Media.

 

 

 

 

Emperador Constantino

 

 

 

 

Santa María la Mayor. Roma

 

 

 

San Pablo Extramuros. Roma